el incansable desempeño
de una imaginación que no conoce límites
con los ojos abiertos y en mundos paralelos
va.
caminando entre otros seres en sus universos
inundada de ese aire gris de Capital.
y aunque reniega del caudal,
confiesa en su intimidad
que le gusta la multiplicidad de escenarios,
en realidades tan contrastadas.
el aroma a café que se mezcla con el papel de un diario,
el andar despacio entre la velocidad
que permite observar el entorno,
sientiendo que el ritmo
la vuelve extranjera en su propio país.
la heterogeneidad de rostros,
sin unificación,
con la sensación de muchedumbre
que oculta las soledades de sus transeúntes.
le gusta ese momento,
que luego la regresa
al espacio barrial,
a la individualidad,
a no poder pasar desapercibida,
al ritmo habitual,
el silencio de las calles cual botas de algodón,
la cantidad escasa de miradas,
las hojas entre pasos,
que sus dueños regalaron
al otoño que ya pasó.
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Gabriela.-