Terminar con algunas manías,
acostumbramientos que pesan
y lastiman.
Con la exigencia a flor de piel,
que la condena en cada instante.
Debe tratar,
puede intentarlo todo.
Pateará su superyó por un momento,
ese que tan arraigado habita en su interior,
aquel que la atormenta.
Encerrará a la culpa
que hace de un instante un mundo,
la llevará lejos.
Entenderá que puede ser imperfecta,
que la exigencia a veces duele,
que el cuidado extremo agota,
que lo estático la anula y
requiere de la liberación de su mente,
en un mar de errores y aciertos,
sin caer en cuestionarse todos los pasos,
alimentando la sequía con autocomprensión,
dejando liberar un poco el alma
de tanto paso medido.
Manteniendo la responsabilidad,
utilizando su raciocinio,
valiéndose de sus saberes,
recuperando la calma;
cuando el inconsciente intente
desviar su foco hacia
esas conductas incansables.
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